miércoles, 10 de septiembre de 2008

Hace cierto tiempo

Veintidós de julio de dos mil siete.
Veintidós veinte horas.

Todo se sucede como casi siempre, sigo aquí en Oaxaca, solo también como casi siempre. Soportando la estridente calle: camiones, motos, autos, imbéciles, adictos, encueradas y uno que otro padre de familia y demás comprometidos con el progreso del país… de uno u otro modo.

Hace un par de horas llamé a casa, después de vencer la pereza, sueño y una cierta vacilación que debo comprender.

En fin que en la mañana me fui hacia Tlacolula y pues nada menos que la señora se largó a una de esas juntas que seguramente deciden la historia del país... nada, que su hija me esperó pa avisarme y acompañarme para cumplir el itinerario. A la chingada...

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