Veintidós de julio de dos mil siete.
Veintidós veinte horas.
Todo se sucede como casi siempre, sigo aquí en Oaxaca, solo también como casi siempre. Soportando la estridente calle: camiones, motos, autos, imbéciles, adictos, encueradas y uno que otro padre de familia y demás comprometidos con el progreso del país… de uno u otro modo.
Hace un par de horas llamé a casa, después de vencer la pereza, sueño y una cierta vacilación que debo comprender.
En fin que en la mañana me fui hacia Tlacolula y pues nada menos que la señora se largó a una de esas juntas que seguramente deciden la historia del país... nada, que su hija me esperó pa avisarme y acompañarme para cumplir el itinerario. A la chingada...
miércoles, 10 de septiembre de 2008
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